Véron Mosengo-Omba, presidente de la Federación Congoleña de Fútbol, ofreció un gesto público de respaldo a Gianni Infantino mientras crece la controversia sobre un ambicioso plan comercial que habría cedido parte del control del Mundial a capital privado. Mosengo-Omba subrayó que la mayoría de las asociaciones nacionales mantienen su apoyo al presidente de la federación internacional, pero situó límites claros sobre la operación que se filtró en los últimos meses.
Apoyo político y límites éticos
Mosengo-Omba, que ocupó hasta 2021 el cargo de jefe de relaciones con las asociaciones de la FIFA, describió su posicionamiento como una defensa del liderazgo institucional de Infantino ante la asamblea de miembros. Al mismo tiempo reconoció que no avaló el diseño de la iniciativa Fifa Forward Enterprise (FFE) que proponía vender más del 20% de los derechos del torneo mundialista a inversores privados. El dirigente africano situó la cuestión en términos de gobernanza: sostuvo que la FIFA necesita fuentes de financiación, pero que la forma de obtenerlas no puede comprometer la propiedad y la soberanía de las asociaciones nacionales.
Qué proponía el plan FFE y por qué generó rechazo
La propuesta objeto de debate buscaba atraer capital privado para convertir parte de los ingresos futuros del Mundial en liquidez inmediata. Varios factores explican por qué la idea chocó con reservas dentro del ecosistema del fútbol:
- Riesgo patrimonial: Ceder un porcentaje de un torneo tan central puede limitar la capacidad de decisión de las asociaciones y de la propia FIFA sobre sedes, formato y distribución de ingresos.
- Transparencia insuficiente: La estructura de la operación y los términos contractuales divulgados hasta ahora resultaron opacos para buena parte de las federaciones nacionales.
- Precedente comercial: Abrir la puerta a inversores en activos deportivos estratégicos puede normalizar la venta de otros derechos y servicios del fútbol.
El papel del congreso y la fuerza de las asociaciones
Mosengo-Omba afirmó que el congreso nacional de miembros sigue siendo la instancia decisoria clave dentro de la estructura de la FIFA y que, en última instancia, cualquier cambio significativo necesita la aprobación de esa mayoría. Esa observación remarca la diferencia entre las iniciativas ejecutivas y las decisiones colectivas: incluso si la dirección ejecutiva propone mecanismos financieros innovadores, su validación depende de la voluntad de las asociaciones, que representan a países y confederaciones con intereses diversos.
Consecuencias políticas y pasos siguientes
La filtración y la reacción pública han generado dos consecuencias inmediatas. Primero, tensaron la relación entre la cúpula de la FIFA y un sector de federaciones reticentes a externalizar activos. Segundo, obligaron a la organización a revisar procesos de consulta y gobernanza cuando se plantean modelos no convencionales de financiación. Mosengo-Omba indicó que el debate debe centrarse en proteger los intereses de las federaciones y en asegurar que cualquier acuerdo respete la naturaleza colectiva del deporte.
Qué está en juego para África y federaciones pequeñas
Las federaciones de regiones con menor capacidad financiera ven con recelo operaciones que puedan reducir su poder de negociación. Para países con presupuestos limitados, la preservación de ingresos a largo plazo del Mundial y de los programas de apoyo como el envío de recursos para desarrollo son prioridades. La postura de Mosengo-Omba, líder además de la Fecofa, evidencia ese cálculo: respaldar la estabilidad institucional sin aceptar fórmulas que puedan hipotecar el derecho de las federaciones a decidir sobre su patrimonio deportivo.
Lectura práctica: qué ocurrirá ahora
La controversia probablemente lleve a tres movimientos simultáneos dentro de la FIFA y entre las federaciones: revisión interna de la propuesta comercial, intensificación de las consultas con las asociaciones nacionales y una posible formulación alternativa que aporte liquidez sin transferir porcentajes del torneo. La clave será si la dirección de la FIFA consigue alinear una mayoría del congreso detrás de una solución que combine recursos y protección institucional.
El caso deja una pregunta política abierta sobre hasta dónde pueden llegar las federaciones en la búsqueda de ingresos sin perder control sobre los activos que definen al fútbol mundial. La respuesta empezará a tomar forma en las próximas reuniones del calendario interno de la federación y en los debates formales que convoque el congreso de la FIFA.